La panorámica de los datos muestra que las mujeres se encuentran en clara situación de desventaja en relación a los hombre, en el nivel de bienestar, la calidad de vida, la participación en la toma de decisiones, las diversas vulnerabilidades, las oportunidades y facilidades para la movilidad, por los mayores riesgos de exclusión y el sufrimiento de la violencia, entre otros ámbitos.
Esta realidad muestra que los presupuestos no son en ningún nivel, ni pueden ser neutrales al género, ya que las prioridades que se establecen, los ámbitos en los que se interviene y la distribución que se realiza del gasto público, producen un impacto diferente en las mujeres y los hombres.

